Llega un momento de la vida en el que el tiempo, sin avisar, cambia de dirección. Un día descubres que quienes te enseñaron a atarte los zapatos ahora te preguntan dos veces dónde los han dejado y que quienes decidían por ti esperan ahora tu asentimiento. La firmeza de antaño se ha vuelto fragilidad, y la seguridad… preguntas. Al principio se vive como una pequeña tragedia, aunque en realidad es una ley silenciosa de la condición humana.