En 1851, ocho años después de Cuento de Navidad, Charles Dickens reflexionaba sobre el significado de esta celebración una vez dejamos de ser niños. ¿Pierde la Navidad su magia a medida que envejecemos? De manera espontánea, diríamos que sí, pues su encanto parece ligado a la ilusión y a la inocencia de la infancia. Pero esta primera respuesta quizá sea demasiado simple.