Mi alzheimer de herencia
por Ángel Antonio Herrera
El alzhéimer concreta un reparto monstruosamente desigual de la memoria. El enfermo pierde los recuerdos, y el cuidador los hereda, más los propios. Bien lo sé, porque tuve una madre descuadernada por ese mal, y ahí viví, a pie de obra del duro estremecimiento, ante una mujer que no se sabía asistida por un hijo. Ella fue olvidándolo todo y yo, en cambio, fui condenado a recordarlo todo. El lunes es el Día del Alzhéimer, pero esto es lo de menos. El alzhéimer de una madre dura más allá de una madre. Quien asistió a un enfermo heredó de alguna manera la enfermedad, pero al revés, porque el enfermo va perdiendo la memoria que tú recoges. Él olvida una habitación, un nombre, un rostro, y todo eso viene a anidar en ti. He visto a mi madre saludando a un abeto como si ese árbol fuera mi padre. He visto en sus ojos el domingo de la nada. De eso no se cura uno nunca. Ella olvidó aquel abeto un minuto después, pero yo no he podido olvidarlo jamás. He aquí una de las crueldades secretas del alzhéimer. Unos se quedan sin pasado mientras otros reciben, de golpe, dos pasados íntegros. «Sé que me pasa algo, pero no sé lo que es», arriesgó en su día Pasqual Maragall. He ahí el diagnóstico del precipicio, del precipicio que se soporta por dentro. Las familias también saben que les pasa algo, aunque tampoco sepan exactamente qué. Se despiden de alguien que todavía está sentado enfrente. De las madres con alzhéimer nos despedimos todos los días, pero al día siguiente están ahí, sin estar, tuteando al pánico en cada espejo. «Si pierdo la memoria, qué pureza», escribió un vidente lírico. El verso nació a otros efectos, naturalmente, pero yo me he aliviado con él a menudo, por imaginar que al fin mi madre cayó a vivir en suturas de pureza, en paraísos de inocencia, en celestes astronomías de ninguna lucha. Quiero pensar que olvidar también pudo ser, al final, un modo de descansar. El alzhéimer es una rara suerte de ir muriendo sin morirse nunca del todo. Mi madre perdió sus recuerdos. Me quedé yo con los suyos y con los míos. Esa fue su herencia, bendita sea.
Fuente: ABC — Domingo 20/9/2026