Menu

+34 91 708 99 35 (8:00 a 17:00 horas) blopezibor@hmhospitales.com

Noticias

Admin Account
/ Categorías: Noticias

Tus impuestos para ejecuciones

Por Chapu Apaolaza

Hoy reniego de este país y de su progreso de parada cardiorrespiratoria y su moral sin pulso que ofrece una salida de cianuro a los pobres, a los desahuciados y a los locos

La derrota de toda esperanza estaba programada para las seis de la tarde, y eran las seis en sombra de la tarde en todos los malditos relojes. A esa hora este país alcanzó uno de sus suelos éticos y una de sus mayores oscuridades en nombre, precisamente, del progreso. Nuestros impuestos eran para carreteras, educación, mordidas, chiringuitos y para la inyección letal que le quitó la vida a una chica de 25 años. Fuimos entonces, como país, lo contrario de la primavera, una florecilla inversa en las cunetas, una glaciación ética que nos arrasó de golpe. Fuimos subsidiariamente y en ‘prime time’, la muerte con su guadaña y su frialdad de verdugo y de veneno, metiéndose por la vena como una cuchillada que empuñábamos todos, vergonzosamente.

Decir la muerte de Noelia Castillo es decir poco, porque fue una muerte de Estado, una enorme, monumental, el monte Rushmore de todas las muertes, un asesinato colectivo, un acto en el que nos implicaron a todos como sociedad. Yo escuchaba a los mirlos por la ventana, cantando desaforadamente, como cantan los locos, una primavera que ya no iba a llegar nunca. La esperanza murió a media tarde, a la hora de la merienda de los niños, mientras los chavales pegaban balonazos en las canchas. Bebían, sonrojados por el esfuerzo del juego, en las fuentes de los parques, tan cerca y tan lejos de un cadalso consentido, con sentencia firme en un hospital catalán. Habrá que preguntarse por qué en Cataluña se autorizan una tercera parte de las eutanasias de este país, aunque quizá lo mejor sea no pensarlo ahora que un aborto o un suicidio representan una fiesta que no alcanzo a comprender.

Teresa de Lisieux rezó siendo niña en su casa de Les Buissonnets por el criminal Pranzini, que iba a ser ejecutado al día siguiente, y pidió porque se confesara y le revocaran la pena. Antes de morir, el condenado besó las llagas de Cristo, y ella lo consideró su primer hijo espiritual. Yo recé por Noelia y porque siguieran abiertos sus ojos asombrados e infelices, aunque en el debate ético que algunos pretenden relegar a lo religioso no hace falta llegar a Dios para explicar que hay cosas que están mal. Tampoco los jueces que condenan a los asesinos recurren a los diez mandamientos para entender que no se puede matar.

Ahí no aparece lo confesional como intento perverso de relegar el absoluto de la vida a la privacidad de las iglesias. Me arrodillo temblando por el alma de esa pobre chica, pero no necesito reclinatorios para entender que hay cosas que no están bien, como tampoco el bombero necesita un director espiritual para echarse encima del suicida.

Hoy reniego de este país y de su progreso de parada cardiorrespiratoria y su moral sin pulso que ofrece una salida de cianuro a los pobres, a los desahuciados y a los locos. La eutanasia, que es un suicidio de prestación pública, se asoma a todos los abismos del hombre porque niega la esperanza, que siempre es posible. Algunos hombres y mujeres viven su vida entera en un minuto, porque se puede existir y dar sentido en el tiempo de descuento. Somos misterios infinitos, insondables, y llevamos dentro una luz que alumbra en los sótanos del ánimo cuando nada parece posible.

Es ahí, justamente, donde está el cielo, al otro lado de todos los infiernos, pasadas el hambre, la sed y las postrimerías de la locura. No debemos creer a quienes nos hablan de muertes dignas mientras desechan a los débiles y matan en nombre de la vida. No debemos rendirnos a la mentira de que es digno entregarse para que nos mate una mano anónima, la decisión colegiada de un comité, el fracaso de una civilización encarnado en una chica de 25 años que dejaron caer en el umbral mismo de la primavera. No con mis impuestos.

Fuente: ABC
 

Artículo anterior Una forma humilde de cuidar el mundo
Imprimir
31 Puntúe este artículo:
5.0
«marzo de 2026»
lu.ma.mi.ju.vi.sá.do.
2324252627281
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
303112345