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Cambio de guardia

por José F. Peláez

El próximo fin de semana volverás a hacer una de esas cosas que solo un inglés podría convertir en atracción turística. Irás a Buckingham Palace. buscarás un hueco entre un matrimo1úo de Ohio y trescientos japoneses y esperarás pacientemente a que empiece el cambio de guardia Me gusta imagi­narte allí porque resume bien vuestro carácter; un español necesita que ocurra algo extraordína­rio para pararse a mirar algo y, sin embargo, vosotros sois capaces de quedaros fascinados viendo a unas personas sustituir ordenadamente a otras. Luego dec{s que no entendéis el humor español. 

En España también tenemos un cambio de guardia solo que no sale en las guías de viaje y no Ueva unifonne. Sucede los últimos fines de semana de agosto.Mientras tú miras cómo unos soldados cruzan el patio de Buckingham. aqul millones de niños cambian de coche, de casa y de llaves. Habrá maletas demasiado grandes para cuerpos demasiado pequeños, mochilas Uenas de bañadores húmedos. bicicletas mal colocadas en un maletero y peluches viajando de un dormito­rio a otro como díplomáticos en misión perma­nente. Y es curioso. Nickie. porque hasta que uno no pertenece a ese ejército. no lo percibe. Sin en1bargo. de repente un día te ves fonnando parte del relevo y descubres que España entera está llena de ceremonias invisibles. Ves un coche parado en doble fila y ya no ves un coche: ves un padre que llega cinco minutos antes porque no soporta la idea de parecer impaciente; ves una madre que sonríe más de la cuenta para que el niño no aprenda el idioma de las despedidas: ves un chaval cruzando la calle con una mochila y una bolsa de depone y entiendes. sübitamente. que no vuelve de entrenar. Que está cambiando de vida durante quince dlas. 

A partir de ese momento ya no puedes dejar de verlo. como cuando aprendes una palabra nueva y comienza a aparecer en todas tus lecturas. España se llena de padres y madres haciendo relevos sin que nadie les preste atención. Vosotros tenéis a los 'beefeaters· y nosotros a padres separados cargando bicicletas Decathlon. No me negarás que lo segundo tiene bastante más mérito. Y un protocolo más complicado. En Buckingham basta con que los soldados no se equi,'O(Juen de puerta Aquí hay que recordar dónde está el cargador del móvil. quién se Uevó las zapatillas de fútbol y dónde demonios apareció ese dinosaurio de plástico sin el cual. inexplicablemente, nadie puede dormir. 

Los ingleses tenéis la ventaja de que la ceremonia termina cuando acaba la música pero la nuestra empieza precisamente entonces. Recuerdo que una vez me preguntaste cómo era posible que los españoles fuéramos capaces de discutir tan ferozmente sobre política y. media hora después, seguir compartiendo una fuente de calamares. Te respondí que España runciona igual que una comida de Navidad: nadie recuerda quién empezó la bronca pero todo el mundo tennina preguntando quién quiere más turrón. Pues bien. con los hijos sucede algo parecido. Los adultos llevamos años empeñados en convencer­nos de que somos los protagonistas de nuestra propia historia y. sin embargo. basta observar uno de estos cambios de guardia para compren­der que somos solo secundarios de vidas ajenas. El verdadero protagonista es siempre el niño y eso es algo que algunos e,ntienden demasiado tarde. Uno cree que la separación consiste en aprender a vivir solo, pero después descubre que. en realidad. consiste en lo contrario. en aceptar que tu vida deja de organizarse alrededor de ti para hacerlo alrededor de alguien que mide un metro veinte y necesita que le recuerden que se lave los dientes . 

Hace unos años escuché a Santiago Segura decir que él no cambiarla la mitad del tiempo con sus hijas ni por Claudia Schiffer. Me hizo gracia porque inniediatamente aparecieron los de siempre criticando algo que. en realidad. no habla dicho: que si eso era una falta de respeto hacia los divorciados. que si una pareja no puede mantenerse únicamente por los hijos. que si el amor romántico y que si la realización personal Somos un país extraordinario: uno afirma que quiere pasar más tiempo con sus hijas y ensegui­da aparece un comité dispuesto a explicarle por qué está equivocado. Yo. en cambio. entendí perfectamente de lo que hablaba. porque quince días sin tus hijos son una cosa rarísima Los dos primeros te haces el valiente. te dices que vas a aprovechar para leer ese montón de libros que llevan meses mirándote desde la mesilla: el tercero descubres que has cenado un yogur caducado delante del ordenador; el cuarto Llamas a un amigo para tomar una cerveza porque la casa se te cae encima y el quinto empiezas a echar de menos encontrar un calcetín diminuto debajo del sofá o escuchar desde otra habitación un «papá,, que. cuando llega. parece inoportuno pero que. cuando desaparece. empieza a resultar imprescindible. Y.sin embargo. Nlckie. lo verdaderamente extraño es que uno nunca termina de acostumbrarse. Te acostumbras a dormir solo. a cocinar para uno. a que el cuarto de los niños permanezca sospechosamente ordenado y a que nadie deje vasos encima de la mesilla Te acostumbras incluso a esa libertad que antes te parecía un lujo pero que. cuando llega. descubres que no era libertad sino condena.

Quizá por eso me conmueve vuestro cambio de guardia Porque. visto desde aquJ. parece una ceremonia en la que nadie pierde nada Unos soldados se marchan. otros Uegan y la Corona pennanece inmóvil como si el tien1po no tuviera permiso para entrar en Buckingham. En España. en cambio, el protagonista no es el unifonne. sino aqueUo que cambia de manos. Y eso modifica por completo la ceremonia: los ingleses entregáis un fusil y nosotros entregamos un niño. No es lo mismo. 

Recuerdo que cuando era pequeño pensaba que los adultos lo controlaban todo: sabían conducir. pagaban las racturas. elegían el destino de las vacaciones y parecían capaces de resolver cualquier problema Luego uno crece y descubre que la vida adulta consiste. en buena medida en fingir serenidad mientras improvisas sobre la marcha Por eso, el próximo fin de semana cuando veas salir a la Guardia de Coldstream por SLJames·s Palace. acuérdate de nosotros. Mientras la batida interprete una marcha militar y los turistas aplaudan convencidos de haber presenciado una tradición centenaria aqul habrá miles de coches esperando delante de un portal. de un bar o de una gasolinera No habrá tambo­res. casacas rojas ni caballos. Solo padres y madres intentando que el cambio resulte tan natural que los nlflos no perciban el esfuerzo. Porque las verdaderas ceremonias nunca alguien. al cerrar la puerta. respire hondo un par de segundos.

Siempre tuyo.

José F. Peláez

Fuente: ABC

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