Dios quiso alinear el corazón de Ludovic Marin, su ojo, su cámara y la mano del Papa León XIV bendiciendo, el cuerpo de la niña Marie-Garance –discapacitada, retorcida, desvalida en su vestido azul de horizontes– en la imagen histórica de su viaje a Francia. En la fotografía, el Santo Padre contempla, amoroso y conmovido, a esa niña que elevan en brazos unas manos, y es como si mirara a todos los niños enfermos en una piedad definitiva. Después supimos que, cuando nació la protagonista, sus padres no se hicieron cargo de ella. Clotilde y Nicolás tardaron dos años en poder adoptarla. Tenían seis hijos y ya habían adoptado a uno de ellos con síndrome de Down, así que fueron un poco más allá y solicitaron la adopción de un niño con discapacidad grave. Sería lo que Dios quisiera.