La cara oculta de los grupos de WhatsApp de padres del colegio
por Carlota Fominaya
Advierten de los riesgos de compartir fotos de los niños sin consentimiento o de usarlos para criticar a los profesores
La vuelta al cole ha traído la recuperación de las rutinas y, también, la activación de los grupos de WhatsApp de padres del cole. Es verdad que las familias están cada vez más informadas, pero siguen existiendo ‘cabos sueltos’ en el uso de esta herramienta. Así lo alerta la Asociación Española de Consumidores, desde donde se ha pedido a los padres un uso ‘responsable’ de estos grupos, que recuerda que deben servir en exclusiva para ofrecer información y que en ellos se debe compartir sólo datos relativos a la educación de los hijos.
Desde esta entidad recuerdan que no se debe usar este canal de mensajería instantánea para ‘criticar al centro, a los profesores o a otros padres’ y avisa de que hacerlo tiene responsabilidades civiles en la medida en la que se hagan comentarios ‘inadecuados’. De hecho, esta organización hace especial hincapié en el respeto de la privacidad.
«No se deben compartir fotos de menores de edad, profesores o del resto de padres sin consentimiento». De hecho este es, alerta Pablo Duchement, profesor y perito judicial informático especializado en delitos perpetrados contra menores en redes sociales, uno de los principales escollos en el uso de estos grupos. Al final WhatsApp, recalca este experto, «no es sólo una aplicación de mensajería. Jurídicamente es una red social, algo que deberían tener presentes las familias», sostiene.
Por esto mismo, recuerda, los padres deberían aplicar en WhatsApp los mismos criterios de prudencia que utilizarían en cualquier red social. «El problema surge, insiste, en que hay contenidos que muchas personas jamás publicarían en una red social abierta y que, sin embargo, comparten con normalidad en estos grupos de padres, y muchas veces los conflictos vienen por ahí. Pero si empezáramos a plantearnos el uso de estos grupos como nos planteamos el uso de Instagram o Facebook, por poner dos ejemplos, quizá mejoraríamos un poco la situación».
Uno de los aspectos que más preocupan a Duchement es, en efecto, la difusión de imágenes de niños en estos grupos. Hablamos, por poner un caso habitual, de la clásica actuación escolar de Navidad. «La madre que grabó y sube este vídeo al grupo para que lo vean aquellos que no pudieron asistir está incumpliendo la ley, porque no tiene el consentimiento de sus tutores legales», asegura. Se trataría, explica, «de un tratamiento y difusión de imágenes de numerosos menores cuyas familias pueden no haber utilizado esa utilización».
La mayoría, expone Duchement, «no percibe ningún riesgo, agradece e incluso aplaude que se haya grabado y compartido el vídeo. Pero puede ocurrir -sugiere- que haya otro porcentaje de padres que no quieran que la imagen de sus hijos circule por internet o termine en determinados servidores. En muchas ocasiones esas personas ni siquiera se atreven a manifestar su disconformidad por miedo al rechazo».
Pero Duchement asegura que recibe consultas de familias que se han encontrado precisamente ante este problema. Acuden a él porque otro progenitor ha difundido una fotografía de toda la clase en el grupo del cole y consideran que se han vulnerado los derechos de protección de datos de su hijo. En esos casos, algunos se plantean reclamar ante la Agencia Española de Protección de Datos, pero aparece otro obstáculo: el temor a que los demás padres sepan quién ha presentado la reclamación. «Una de las preocupaciones que tienen es si el padre reclamado va a saber que quien reclama fui yo», relata. El miedo no es únicamente jurídico, sino social: «No quieres ser el raro o el terraplanista del grupo, lo cual revela también un problema social».
El experto considera que una de las razones por las que estas prácticas están tan extendidas es la comodidad. «WhatsApp permite seleccionar una fotografía directamente desde el carrete del teléfono y enviarla a un grupo en cuestión de segundos».
Otras opciones
Pero, recuerda, existen alternativas. «Una fotografía o un vídeo de una actuación escolar podría enviarse individualmente por correo electrónico a las familias autorizadas. También podrían utilizarse plataformas educativas o servicios con cuentas personales en los que cada padre acceda mediante su propio usuario y contraseña y descargue las imágenes sin que estas tengan que circular por un grupo de WhatsApp».
«Existen otras opciones y hay muchas consejerías de Educación que las ofrecen para trasladar información relativa al colegio», apunta. La realidad, admite, «es que WhatsApp nos resulta muy goloso porque es fácil, inmediato y cómodo. Eso nos lleva a sacrificar la intimidad de nuestros niños y el derecho de los demás a cambio de maniobrabilidad y comodidad. Creo que es un sacrificio que no deberíamos aceptar», concluye.
Ahora que todavía se están formando estos grupos, lo ideal, apuntan desde Legalitas, «es no incluir a nadie sin su consentimiento y saber que la opción más respetuosa con la privacidad consiste en facilitar un enlace de invitación para que cada progenitor decida voluntariamente si desea formar parte del grupo». Aunque «siempre podemos optar por salirnos, con naturalidad y sin justificar demasiado», matiza Silvia Martínez Lomas, psicóloga y fundadora de los centros Crece Bien: «Puede servir un: ‘familias, para organizarme mejor, voy a salir del grupo. Para cualquier cosa importante podéis escribirme por privado. Gracias’. No hace falta dar mucha más información. Cada hogar tiene derecho a decidir qué canales le ayudan y cuáles generan ruido».
El otro peligro: convertirnos en secretarios escolares de nuestros hijos
Un grupo de WhatsApp del colegio nace con una intención muy buena: facilitar la vida a los atareados padres. Recordar una excursión, preguntar una duda puntual, avisar de que mañana hay que llevar camiseta blanca para gimnasia... Todo eso ayuda. La dificultad aparece, advierte, cuando el grupo empieza a sustituir a la agenda, la memoria, la mochila y la responsabilidad del niño. «Una cosa es preguntar puntualmente porque ha habido una confusión real y otra mirar todos los días el chat para saber qué deberes hay, qué examen toca, qué material hay que llevar o qué ha ocurrido en clase», explica Sonia Martínez Lomas, psicóloga y directora de los centros Crece Bien. Si esta dinámica se convierte en habitual, alerta Martínez Lomas, «el mensaje que recibe el niño es que no necesita estar especialmente atento porque siempre habrá un adulto que lo rescate».